Reconocer la ansiedad como una experiencia interna pasajera: sin dejar que dirija automáticamente nuestro comportamiento, permitiendo responder de manera más flexible y adaptativa.
Como es normal, ante una emoción desagradable tratamos, naturalmente, de quitarnos, disminuir o controlar estas sensaciones (más adelante tienes la curva de la ansiedad en la que explico cómo lo hacemos).
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Es como las arenas movedizas, cuanto más luchas contra ello, más te hundes.
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La contradicción se encuentra en que cuanto más haces por salir de esas sensaciones, realmente más atención y recursos le estás dedicando a eso que tanto te molesta y "no quieres mirar".
Por tanto, el problema no es tanto la ansiedad, por desagradables que sean los pensamientos y las sensaciones fisiológicas sino la atención y reacciones que le dedicamos.
Esto implica desarrollar nuevas formas de relacionarnos con lo que sentimos y pensamos, para que la ansiedad no determine nuestras acciones ni nos aleje de aquello que es importante para nosotros.
Importante: evaluar con tu psicólogo/a que tengas las estrategias necesarias para afrontar esas situaciones que detonan la ansiedad (p.ej: habilidades sociales para hablar en público)
Por ello, como habremos comentado en las sesiones, vamos siguiendo un programa que suele constar de:
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Aunque existen patrones comunes, cada persona vive la ansiedad de manera diferente. Por lo que esto es sólo un esquema general. Acude siempre a tu especialista para implementar estos cambios con seguridad y eficacia.
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