Para empezar a aplicar todo esto, no hace falta que dejes de ser exigente, solo que cambies la forma en la que te diriges hacia tus metas.
Imagina que estás subiendo una montaña muy alta y difícil (tu vida, tus retos). Tienes que elegir a un guía (un Sherpa) para que te acompañe:
El Sherpa Crítico: Te grita cuando tropiezas, te dice que eres un lastre, que a este paso no llegarás nunca y te recuerda cada error del camino. Vas tenso, con miedo y agotado.
El Sherpa Compasivo: Conoce la dureza del camino. Si tropiezas, te da la mano, te dice: "Ha sido un paso difícil, descansa un segundo y seguimos" y te anima a mirar lo que ya has subido.
Pregunta clave: ¿Con cuál de los dos llegarás más lejos y con menos sufrimiento? Ambos quieren que subas la montaña, pero solo uno te cuida en el proceso.
Es una de las herramientas más sencillas de autores como Kristin Neff:
Cuando te estés machacando por un error, cierra los ojos e imagina que un ser querido (tu mejor amiga, tu pareja, tu hijo) viene a contarte que le ha pasado exactamente lo mismo que a ti.
<aside> ➡️
Si no se lo dirías a ellos, ¿por qué te lo dices a ti? Practicar la autocompasión es, simplemente, empezar a usar contigo la misma vara de medir que usas con los demás.
</aside>
No busques eliminar la crítica de golpe. Identifica cuándo aparece; observarlo te ayudará a ir tomando distancia.